Nunca me ha interesado mucho la política; para ser sincera, no me gustaba en lo absoluto. Tengo que decir que aún no me gusta. No quisiera dedicar mi vida a nada relacionado con ese tema, aunque uno no sabe las vueltas que da la vida. Solo sé que, en este preciso momento, no me veo involucrada en ese mundo.
Sin embargo, en el país en el que vivo, no es sencillo dejar el tema a un lado. Cada día escucho a alguien diciendo cualquier cosa relacionada a la situación actual del país. Por lo tanto, es imposible evadir por completo ese tipo de conversaciones. Para bien o para mal, uno se acostumbra a hablar de política en su vida cotidiana.
Durante años (y hasta no hace mucho) estuve completamente desinformada, y la verdad es que no me importaba estarlo. Me aburría el tema. Lo evitaba por completo. Pero poco a poco me fui acostumbrando.
No sé en qué momento algo hizo un cambio en mí. Quizá fue el hecho de ser mayor de edad y saber que ya podía votar; decidir mi futuro. Quizá me vi influenciada por algunos amigos a quienes les apasionaba el tema político y estaban bastante involucrados en él. Quizá era inevitable que en algún momento sucediera.
Lo que sí sé es que hace menos de dos meses me di cuenta de que realmente me interesaba mi país. Me encontraba en el exterior y les contaba a personas de todo el mundo cómo vivía yo acá. La mayoría no lo podían creer. Por primera vez vi como la situación movía mis sentimientos. Jamás había llorado por Venezuela, hasta ese día.
Cuando regresé de mi viaje comencé a informarme un poco más. Supongo que el ambiente de campaña política contribuyó a mi nueva forma de pensar. Me emocionaba la idea de poder ver un cambio; algo diferente a lo que había visto más de la mitad de mi vida.
Exactamente una semana antes de las elecciones presidenciales se me ablandó el corazón y solté algunas lágrimas de emoción con un discurso político. Acepté, entonces, que ya era parte de algo de lo que no podría salir fácilmente. Me sentí más venezolana que nunca.
Como ya mencioné en un artículo anterior, el domingo 7 de octubre me sentí muy mal. Pero el día siguiente decidí sacarle todo lo positivo a lo que sucedió. Me di cuenta de que, estudiando Comunicación Social, es imposible desligarme del tema político, aunque no quiera dedicarme directamente a eso.
Por eso comencé este blog; porque entendí que soy una persona que necesita escribir lo que piensa y lo que siente. Ahora sé que tengo que luchar más que nunca por mi futuro y por lo que quiero. Que, sin importar quien sea o no sea el presidente de este país, tengo derecho a dar mi opinión y que otros la escuchen; ya que, a fin de cuentas, a eso me quiero dedicar toda mi vida.
No sé cuanto tiempo dure este blog, ni cuentas personas lo lean, ni cuantas veces escriba en él. Lo cierto es que eso no es lo importante para mí. Lo que sí se es que ahora pienso distinto. Me siento más comprometida que nunca con mi carrera y conmigo misma.
Esto no será en ningún momento una página para hablar de política. Aquí escribiré sobre diferentes temas, pero todos basados en una opinión personal. Quizá algunos se sientan identificados y otros no, pero de eso se trata.
En fin, solo quería explicar el por qué de la creación de esta página. Se lo debo a un tema político. Tal vez si hubiese ganado el candidato al que apoyaba, me hubiese conformado e imaginado un futuro perfecto sin necesidad de esfuerzo alguno. Así que, por ahora, aprovecharé para hacer lo que me gusta y luchar por lo que quiero.
V.
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