jueves, 11 de octubre de 2012

Un cambio en mí

Nunca me ha interesado mucho la política; para ser sincera, no me gustaba en lo absoluto. Tengo que decir que aún no me gusta. No quisiera dedicar mi vida a nada relacionado con ese tema, aunque uno no sabe las vueltas que da la vida. Solo sé que, en este preciso momento, no me veo involucrada en ese mundo. 

Sin embargo, en el país en el que vivo, no es sencillo dejar el tema a un lado. Cada día escucho a alguien diciendo cualquier cosa relacionada a la situación actual del país. Por lo tanto, es imposible evadir por completo ese tipo de conversaciones. Para bien o para mal, uno se acostumbra a hablar de política en su vida cotidiana. 

Durante años (y hasta no hace mucho) estuve completamente desinformada, y la verdad es que no me importaba estarlo. Me aburría el tema. Lo evitaba por completo. Pero poco a poco me fui acostumbrando. 

No sé en qué momento algo hizo un cambio en mí. Quizá fue el hecho de ser mayor de edad y saber que ya podía votar; decidir mi futuro. Quizá me vi influenciada por algunos amigos a quienes les apasionaba el tema político y estaban bastante involucrados en él. Quizá era inevitable que en algún momento sucediera. 

Lo que sí sé es que hace menos de dos meses me di cuenta de que realmente me interesaba mi país. Me encontraba en el exterior y les contaba a personas de todo el mundo cómo vivía yo acá. La mayoría no lo podían creer. Por primera vez vi como la situación movía mis sentimientos. Jamás había llorado por Venezuela, hasta ese día. 

Cuando regresé de mi viaje comencé a informarme un poco más. Supongo que el ambiente de campaña política contribuyó a mi nueva forma de pensar. Me emocionaba la idea de poder ver un cambio; algo diferente a lo que había visto más de la mitad de mi vida. 

Exactamente una semana antes de las elecciones presidenciales se me ablandó el corazón y solté algunas lágrimas de emoción con un discurso político. Acepté, entonces, que ya era parte de algo de lo que no podría salir fácilmente. Me sentí más venezolana que nunca. 

Como ya mencioné en un artículo anterior, el domingo 7 de octubre me sentí muy mal. Pero el día siguiente decidí sacarle todo lo positivo a lo que sucedió. Me di cuenta de que, estudiando Comunicación Social, es imposible desligarme del tema político, aunque no quiera dedicarme directamente a eso. 

Por eso comencé este blog; porque entendí que soy una persona que necesita escribir lo que piensa y lo que siente. Ahora sé que tengo que luchar más que nunca por mi futuro y por lo que quiero. Que, sin importar quien sea o no sea el presidente de este país, tengo derecho a dar mi opinión y que otros la escuchen; ya que, a fin de cuentas, a eso me quiero dedicar toda mi vida.

No sé cuanto tiempo dure este blog, ni cuentas personas lo lean, ni cuantas veces escriba en él. Lo cierto es que eso no es lo importante para mí. Lo que sí se es que ahora pienso distinto. Me siento más comprometida que nunca con mi carrera y conmigo misma. 

Esto no será en ningún momento una página para hablar de política. Aquí escribiré sobre diferentes temas, pero todos basados en una opinión personal. Quizá algunos se sientan identificados y otros no, pero de eso se trata.

En fin, solo quería explicar el por qué de la creación de esta página. Se lo debo a un tema político. Tal vez si hubiese ganado el candidato al que apoyaba, me hubiese conformado e imaginado un futuro perfecto sin necesidad de esfuerzo alguno. Así que, por ahora, aprovecharé para hacer lo que me gusta y luchar por lo que quiero. 

V.

lunes, 8 de octubre de 2012

Hoy de luto. Mañana con más fuerza y esperanza

Me cuesta creer que después de 14 años tantos venezolanos sigan siendo tan ignorantes y conformistas. Que no sean capaces de darse cuenta de que nuestro "querido" presidente se ha encargado de destruirnos a nosotros y a Venezuela, y que nos ha llenado de falsas promesas. ¿Cómo es posible que haya tanta gente ciega en nuestro país?

Hace menos de 24 horas yo, y muchos venezolanos más, estábamos llenos de esperanza. Creíamos en que hoy amaneceríamos con un país diferente, con un cambio positivo para todos. Estábamos convencidos de que había un camino. Pero ya todos sabemos lo que sucedió ayer, 7 de octubre de 2012, a las 10:30 de la noche; no hace falta repetirlo más.

Escribo esto porque necesito hacerlo. Porque sé que muchos jóvenes se sienten como yo en este instante. No es nada sencillo escribir todo lo que pasa por mi cabeza en este preciso momento; son millones de emociones y sentimientos que no puedo controlar. Tengo la mente llena de contradicciones. Pero, sobre todo, tengo una frustración infinita. Me siento engañada. 

Tengo solo 19 años. Llevo más de la mitad de mi vida viviendo en un país gobernado por una persona que no se interesa en su pueblo. Una persona que solo discrimina, siembra odio y miedo en los demás. Una persona que roba, insulta, engaña y destruye a un país completo. Una persona que, definitivamente, no merecemos.

No es justo que alguien de mi edad sienta que no tiene futuro en este país y que pierda todos sus sueños por culpa del gobierno. Estoy cansada de salir a la calle y no saber si voy a volver a mi casa; no saber si volveré a ver a mi familia o a mis amigos. Estoy cansada de ir por la calle con miedo a cada motorizado que me pasa por al lado, y tener que esconder cualquier cosa de valor que lleve conmigo. Estoy cansada de, diariamente, ver noticias sobre la muerte de cientos de venezolanos en manos del hampa. Estoy cansada de no tener agua más de tres veces por semana. Estoy cansada de que se vaya la luz todo el tiempo. Estoy cansada de ver a tantos seres queridos irse del país porque no ven luz al final del túnel. Estoy cansada de no poder ser libre. 

Ayer se destruyeron mis sueños. Me cuesta creer que tendré que vivir seis años más bajo el gobierno de un hombre que no nos ha dado nada bueno. Yo no me quiero ir de Venezuela, pero cada vez tengo menos posibilidades aquí. Tengo miedo de seguir viviendo en un país sin derechos y lleno de personas corruptas. Vivo en medio de una dictadura, que algunos la ven disfrazada de igualdad.

Creí (y creo) en un cambio. Ese cambio tiene nombre y apellido: Henrique Capriles Radonski. Por eso, aunque hoy me siento destruida, seguiré luchando por lo que quiero. Me siento orgullosa de mi voto, porque sé que, aunque el gobierno nos quiera engañar, fuimos mayoría y yo di mi primer voto por un cambio. En menos de un año, Capriles nos dio la fuerza, la confianza y la esperanza que necesitábamos; siento que le debo mucho, y por eso no renunciaré aún. 

Yo no puedo cambiar al presidente, pero puedo hacer un cambio en mí y en los que me rodean. Si aporto un granito de arena sé que estaré colaborando en formar ese país con el que sueño. Ese país lleno de vida y libertad. Un lugar donde pueda ejercer mi profesión y donde pueda vivir en paz. En algún momento, todos aquellos que votaron por el odio y la violencia, abrirán los ojos. Confío en que se darán cuenta de que lo importante no es una casa regalada, un dinero extra o comida gratis; sino que va mucho más allá: calidad de vida.

Por eso les digo que la ayuda que necesitamos no viene de Dios, ni de una sola persona que esté al mando, sino de cada uno de nosotros. Es difícil decirlo en este momento, pero no podemos perder toda la esperanza. No es fácil sentir que tu país muere frente a ti, pero hay que ver más allá de eso y creer en nosotros mismos. No podemos seguir dejando nuestro futuro en manos de los demás, como lo hicieron aquellos que no votaron. Es nuestra oportunidad para quitarles a todos las vendas de los ojos. 

Hoy mis ojos están llenos de lágrimas y mi corazón está lleno de dolor. Por ahora no hay nada más que decir. En este momento no sé cómo expresar lo que está en mi cabeza. Solo quedar ser fuertes y seguir luchando. 

V.