Muchas veces me he planteado escribir historias sobre cosas
inventadas por mí; historias imaginarias para que, al ser leídas por otros,
sirvan para salir durante un tiempo mínimo de esa realidad que a veces nos
atormenta. El problema es que, viviendo en Caracas, las cosas que me ocurren o
que leo en los periódicos diariamente sobrepasan cualquier cosa que uno se
pueda imaginar. Los acontecimientos más incoherentes suceden aquí, en el lugar
donde vivo.
Entonces me pregunto, ¿cómo hago para, con una historia
inventada, crear algo que supere las increíbles noticias del país? ¿Cómo
escribo una historia que llame más la atención que el hecho de que unos
indígenas secuestraron a unos militares y luego, estos últimos, fueron
condecorados por el gobierno? Es imposible.
Cada vez que intento escribir algo nuevo solo vienen a mi
mente ideas relacionadas con la cotidianidad porque, para bien o para mal, no
vivo en un país europeo en el que lo peor que puede suceder es que alguien se
robe una bicicleta. Estamos rodeados de historias que para cualquier extranjero
bien podrían ser irreales y creo que eso hay que aprovecharlo en la medida de
lo posible.
He llegado a la conclusión de que no puedo separar mis
pensamientos de las cuestiones sociales, políticas y económicas del país
porque, como buena venezolana, la mitad de las conversaciones que tengo se
basan en esos temas; no importa que tan irreal pueda sonar una noticia, pues
seguramente el día de mañana aparecerá una más sorprendente y mucho menos
creíble pero que, de todos modos, seguirá siendo completamente real.
Entonces tengo que agradecer haber nacido acá. Si quiero
dedicarme a escribir, la situación actual me lo pone muy sencillo ya que, como
dije antes, la realidad supera a la ficción.
V.