Me cuesta creer que después de 14 años tantos venezolanos sigan siendo tan ignorantes y conformistas. Que no sean capaces de darse cuenta de que nuestro "querido" presidente se ha encargado de destruirnos a nosotros y a Venezuela, y que nos ha llenado de falsas promesas. ¿Cómo es posible que haya tanta gente ciega en nuestro país?
Hace menos de 24 horas yo, y muchos venezolanos más, estábamos llenos de esperanza. Creíamos en que hoy amaneceríamos con un país diferente, con un cambio positivo para todos. Estábamos convencidos de que había un camino. Pero ya todos sabemos lo que sucedió ayer, 7 de octubre de 2012, a las 10:30 de la noche; no hace falta repetirlo más.
Escribo esto porque necesito hacerlo. Porque sé que muchos jóvenes se sienten como yo en este instante. No es nada sencillo escribir todo lo que pasa por mi cabeza en este preciso momento; son millones de emociones y sentimientos que no puedo controlar. Tengo la mente llena de contradicciones. Pero, sobre todo, tengo una frustración infinita. Me siento engañada.
Tengo solo 19 años. Llevo más de la mitad de mi vida viviendo en un país gobernado por una persona que no se interesa en su pueblo. Una persona que solo discrimina, siembra odio y miedo en los demás. Una persona que roba, insulta, engaña y destruye a un país completo. Una persona que, definitivamente, no merecemos.
No es justo que alguien de mi edad sienta que no tiene futuro en este país y que pierda todos sus sueños por culpa del gobierno. Estoy cansada de salir a la calle y no saber si voy a volver a mi casa; no saber si volveré a ver a mi familia o a mis amigos. Estoy cansada de ir por la calle con miedo a cada motorizado que me pasa por al lado, y tener que esconder cualquier cosa de valor que lleve conmigo. Estoy cansada de, diariamente, ver noticias sobre la muerte de cientos de venezolanos en manos del hampa. Estoy cansada de no tener agua más de tres veces por semana. Estoy cansada de que se vaya la luz todo el tiempo. Estoy cansada de ver a tantos seres queridos irse del país porque no ven luz al final del túnel. Estoy cansada de no poder ser libre.
Ayer se destruyeron mis sueños. Me cuesta creer que tendré que vivir seis años más bajo el gobierno de un hombre que no nos ha dado nada bueno. Yo no me quiero ir de Venezuela, pero cada vez tengo menos posibilidades aquí. Tengo miedo de seguir viviendo en un país sin derechos y lleno de personas corruptas. Vivo en medio de una dictadura, que algunos la ven disfrazada de igualdad.
Creí (y creo) en un cambio. Ese cambio tiene nombre y apellido: Henrique Capriles Radonski. Por eso, aunque hoy me siento destruida, seguiré luchando por lo que quiero. Me siento orgullosa de mi voto, porque sé que, aunque el gobierno nos quiera engañar, fuimos mayoría y yo di mi primer voto por un cambio. En menos de un año, Capriles nos dio la fuerza, la confianza y la esperanza que necesitábamos; siento que le debo mucho, y por eso no renunciaré aún.
Yo no puedo cambiar al presidente, pero puedo hacer un cambio en mí y en los que me rodean. Si aporto un granito de arena sé que estaré colaborando en formar ese país con el que sueño. Ese país lleno de vida y libertad. Un lugar donde pueda ejercer mi profesión y donde pueda vivir en paz. En algún momento, todos aquellos que votaron por el odio y la violencia, abrirán los ojos. Confío en que se darán cuenta de que lo importante no es una casa regalada, un dinero extra o comida gratis; sino que va mucho más allá: calidad de vida.
Por eso les digo que la ayuda que necesitamos no viene de Dios, ni de una sola persona que esté al mando, sino de cada uno de nosotros. Es difícil decirlo en este momento, pero no podemos perder toda la esperanza. No es fácil sentir que tu país muere frente a ti, pero hay que ver más allá de eso y creer en nosotros mismos. No podemos seguir dejando nuestro futuro en manos de los demás, como lo hicieron aquellos que no votaron. Es nuestra oportunidad para quitarles a todos las vendas de los ojos.
Hoy mis ojos están llenos de lágrimas y mi corazón está lleno de dolor. Por ahora no hay nada más que decir. En este momento no sé cómo expresar lo que está en mi cabeza. Solo quedar ser fuertes y seguir luchando.
V.
Tus 19 años son extremadamente lúcidos, Valentina. No te conozco, pero a tu mamá sí. Por tí y por todos los que como tú desean progresar en SU país, no hay que moverse un milímetro de las posiciones ganadas y hay que seguir luchando.
ResponderEliminarRicardo Cie